Se vale Sentir
Vivimos en un mundo que nos exige estar bien todo el tiempo. Ser fuertes. Ser positivos. Seguir adelante sin detenernos. Y cuando decimos que creemos, cuando hablamos de fe, cuando incluso afirmamos que se puede vivir bonito…la exigencia parece ser aún mayor... de parte nuestra y de parte de quienes nos rodean. Esto se pone a prueba ante las situaciones y los días difíciles... cuando todo nos invita a culparnos por nuestra aparente falta de fe hay una verdad que no podemos ignorar:
Se vale sentir.
Se nos olvida que Dios no nos creó como máquinas. Nos creó con alma, con corazón… con la capacidad de sentir. Sentir no es un error del diseño. Es parte del diseño... y el diseño fue perfecto. Dios nos dio emociones y una capacidad de sentirlas y expresarlas de una forma diferente a cada uno de nosotros.... emociones como: Tristeza, alegría, miedo, frustración, esperanza... y muchas otras, cada una de ellas con una función fundamental.
Las emociones son una válvula de escape que Dios diseñó para que no nos consumamos por dentro. Negarlas o esconderlas no nos hace más fuertes, solo nos desconecta de nosotros mismos.

Muchas veces, cuando atravesamos momentos difíciles, no solo lidiamos con lo que sentimos…también lidiamos con cómo los demás interpretan lo que sentimos y el juicio que emiten desde su falta de empatía, eso si, con la mejor intención. es entonces cuando aparece la culpa. Ese enemigo que si que nos consume desde adentro con juicios y auto-juicios en los que ya hemos sido juzgados.
“¿Cómo así que estás triste?”, “¿No que tienes fe?”, “¿No que todo está en manos de Dios?”, "Tu ya deberías saberlo"... y muchos más que sin darnos cuenta, nos llevan a cuestionarnos y a seguir hundiéndonos en nuestra propia culpa.
¿Será que mi fe no es suficiente?, ¿Será que estoy fallando?, ¿Será que no estoy viviendo lo que predico?... ¿será mentira eso de vivir bonito?
Cuando llegue ese momento recuerda que Sentir no contradice tu fe.
Básicamente todo se reduce a reconocer que hay momentos en los que la lucha es interna. Nos enfrentamos a la adversidad y queremos saltarnos el proceso emocional, como si sentir fuera una señal de debilidad espiritual, pero no lo es. Sentir tristeza, miedo o dolor no te aleja de Dios. al contrario, te recuerda que lo necesitas... lo difícil es recordar que Él está ahí para nosotros y que en el sentimiento no está el problema, sino en nuestra incapacidad para sobreponer nuestra fe al momento.
Dios nos permite sentir, pero no nos llama a quedarnos viviendo en lo que sentimos. Se vale sentir tristeza…pero no vivir en tristeza. Se vale sentir miedo…pero no vivir dirigidos por el miedo. Porque cuando nos quedamos ahí, lo que fue una válvula de escape se convierte en una prisión.
Lo que no es de Dios no es sentir… es permanecer ahí.
Dios no nos pide que dejemos de sentir. Nos invita a sentir con dirección. A vivir cada emoción con fe, esperanza y confianza
A vivir la tristeza con la alegría de la esperanza.
No es negar el dolor, es atravesarlo sabiendo que no es el final.
Esta mañana, mi esposa me compartió una imagen que me dejó pensando profundamente. Me contó que en su grupo de oración el sacerdote les habló diciendo que “La vida es como una piñata.” y me explicó.
Cuando vas a hacer una piñata, quieres que sea la más bonita, la más llamativa, la que se vea mejor. Quieres que se vea bonita aunque sabes que va a recibir golpes… muchos golpes y eventualmente, se va a romper.
Así es la vida. Queremos que se vea sin mancha, sin arrugas, bonita, bien decorada y muy adornada, pero sabemos que existe la posibilidad de que lleguen momentos difíciles: quiebras económicas, incertidumbre, pérdidas, desamor, frustración…golpes que no pedimos, pero que llegan. Son parte de la vida. Del día a día. Y cada golpe duele. Y cada golpe cuenta. Obvio, nadie quiere ser golpeado y cuando llega el momento hay algo que muchas veces olvidamos:
Dios no nos entrega una piñata vacía.
Dios ha llenado nuestra vida de recuerdos, de momentos, de aprendizajes, de personas, de amor…de cosas buenas. Porque Él sabe que los golpes van a llegar. Y cuando la piñata se rompe…no queda el vacío. Caen dulces. Caen sorpresas. Caen cosas que, muchas veces, no habíamos visto o valorado. Dios llenó la piñata con lo mejor para cada uno de nosotros.
La ruptura no es el final. Es el momento en el que también se revela lo que había dentro de nuestras vidas. Por eso, aunque cada golpe duela, cuando entiendes que hay algo más después…es más fácil sostenerte. Es más fácil confiar. Es más fácil seguir. Levantarse y dar el siguiente paso.... Hay que seguir adelante.
Recuerda: Se vale sentir. Se vale llorar. Se vale quebrarse por momentos. Pero no se vale olvidar que
Dios ya ha llenado tu vida de cosas buenas…y aún en medio de los golpes, hay algo bueno que saldrá de esta piñata.
No te quedes en el golpe. No te quedes en la caída. Confía en lo que viene después.
Porque incluso en medio del dolor…Dios sigue obrando.
Recuerda, la vida viene con todo lo que ves, lo bueno y lo malo... pero indudablemente con Dios de la mano todo se ve más bonito.




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